Cuando ocurren cosas a nuestro alrededor que nos desequilibran, que alteran nuestra paz y nuestro bienestar, a menudo, movidos por el miedo, por el hábito, o por la falta de sabiduría, tendemos a tensarnos; a bloquearnos; a cerrarnos; a buscar modos de evasión; a ponernos a la defensiva o incluso a atacar.
Las cosas, las personas o las actitudes que generalmente hemos considerado como protectores no siempre resultan como tal. No son fiables.
No hay nada fuera de nuestra mente que pueda garantizarnos una protección definitiva frente al sufrimiento.
La única protección real consiste en construir una protección en nuestro interior.
En la introducción del viernes, día 30 , explicaremos cuáles son las verdaderas fuentes de refugio desde la perspectiva budista. Y a lo largo de las cuatro sesiones del día 31 llevaremos a cabo una práctica tradicional de refugio con meditaciones que nos permitirá desarrollar la confianza y la fuerza que necesitamos en esas ocasiones y en cualquier momento de nuestra vida, para que no nos ahogue el sufrimiento que no podemos evitar.
¡Te esperamos!
¡Todo el mundo es bienvenido!


